Pollitas tiernas I
Este reportaje todavía no termina de hacerse. Publico esta primera entrega sin saber cual será el final de muchos de sus personajes. Ignoro si logrará un The End feliz una estudiante de un colegio de monjas que ama a sus dos madres adoptivas, pero es acosada por su madre biológica, ligada a la prostitución, y que amenaza con llevársela; desconozco si los vecinos del distrito de Las Lomas volverán a tener la calma que exigen tras la invasión de bares donde se vende sexo con adolescentes a 200 soles. Y tampoco sé si una joven logrará convencer a una fiscal y a un juez de que el dueño de un night club, la mandó traer con engaños de Tarapoto a Piura e intentó retenerla para que se prostituya; o si más bien será el empresario, quien logre probar que ella vino voluntariamente y que, por
último, tiene problemas mentales. Intentaré averiguar en fin si la sociedad y el Estado Peruano están ganando o perdiendo la batalla contra el tráfico de seres humanos con fines sexuales.
Cuatro años y diez meses después de haber sido encontrada con granos en la cabeza, sin peso suficiente para su edad de entonces (un año y dos meses) y alimentándose con té en vez de leche, Lucecita está parada frente a un enorme pastel cuadrado con fresas y crema chantillí, con un hada madrina que mira el “feliz día” en el centro de un jardín de cerco de colores lila y fucsia.
Además del hada madrina de azúcar, Lucecita tiene otras dos “hadas” de carne y hueso que atienden a los invitados. Ellas, como cada año, le han regalado esta fiesta. Esta guapa ternura de seis años, de jeans y polo de manga tres cuartos, las llama “mis dos mamás”. Una es la dueña de casa, que ahora mismo atiende a los incansables enanos bailadores, se abre paso entre serpentinas y globos que cosquillean en las frentes, y ahora la mira y llora de emoción. Le parece increíble que esta inocencia de mirada profunda, que cumple seis años, en medio de sus amiguitos del colegio de monjas, tenga que vivir con el fantasma de saber que en cualquier momento “esa mujer” puede venir a llevársela.
Este sábado por la noche, en que Lucecita sopla sus seis velitas rosadas en una vivienda de Castilla, un millón 200 mil menores son obligados a prostituirse en el mundo, según Yahoo noticias. Varios cientos de miles de esas víctimas cayeron en las redes de la prostitución por ser hijos o hijas de personas que se prostituyen, muchas de ellas obligadas por bandas o redes dedicadas al comercio de seres humanos que en el mundo mueven 32 millones de dólares, en un negocio ilegal considerado el tercer más rentable del mundo después del tráfico de drogas y armas, según la ONU. El organismo estima que cada año esas organizaciones engañan, venden, coaccionan o someten a diversas formas de esclavitud a dos millones de personas en todo el orbe. En el Perú, según el sistema RETA de la Policía Nacional, el 83% de las víctimas de la llamada esclavitud del siglo XXI, son explotados sexualmente. Pero Lucero no va a caer en redes de trata, menos de la prostitución. Sus dos mamás se han propuesto darle un futuro diferente al de su madre biológica,“esa mujer”, que la concibió mientras trabajaba en un night club de Piura y ejercía la prostitución en el 2003.
Lucero todavía no tiene capacidad para entender el riesgo que correría si se va a vivir con su madre, “esa señora”. Pero es como si lo supiera. Un día antes de la fiesta, ella la llamó para saludarla por su cumpleaños. Lucero le dijo que gracias, pero cuando la oyó invitarla a pasar juntas la Navidad, le respondió que no sabe, que tal vez sí o tal vez no.
Hada 2 no quiere ni pensar que “esa mujer” vuelva a llevarse a su ángel. Ya lo hizo 2 veces y la niña volvió diciendo que vio a su madre abrazarse con un hombre.
Desde las afiebradas mujeres de la Casa Verde hasta las lolitas de cantina o night club, el negocio sexual en Piura brotó como mala hierba. Con la diferencia que cada vez son más las mujeres que venden su cuerpo obligadas por deudas a un proxeneta, que por propia voluntad. No sólo hay más sexo comprado en la capital de esta región, convertida en la segunda plaza más atractiva del Perú para las inversiones privadas, según un reciente estudio de Apoyo. El negocio carnal creció mucho más en los últimos cinco años, allí donde empieza a moverse más dinero: Paita, debido al puerto, Sechura por sus caletas y la extracción de fosfatos, Talara por los hidrocarburos y Sullana y Ayabaca, por la fiebre de la minería artesanal. “Las madres de familia de estas zonas lo dicen”, cuenta Flor Chávez del Observatorio Regional de Género. Y, aunque suene a copia de Pantaleón y Las Visitadoras, relata que en la zona ayabaquina de Pampa Larga, las familias observan con humor y rabia el paso de cantinas móviles. Son camiones que se estacionan en una mina el fin de semana, en día de pago, los proxenetas arman una carpa y se sientan a vender cerveza y sexo con mujeres-niñas, terminado el servicio suben las cosas y las chicas al camión y repiten la operación en la siguiente mina. Los visitas de los prostíbulos móviles son cada 15 días.
“Es como cualquier otro negocio. Una persona metida en este mundo me contaba que su marido la obligaba a prostituirse de ciudad en ciudad, dependiendo de cómo estaba la plaza”, me contó un amigo caricaturista, tan pero tan certero en sus escenas de humor político.
- Su mamá la llamó un día antes de la fiesta.
Me dice Hada 1, días después del cumpleaños, con cara de lamento y en voz baja, como si “esa mujer” fuera a escucharla. Una lágrima rueda en su mejilla redonda, apenas le pregunto en qué pensó cuando le cantaba el Happy Birthday. No sabe porqué, pero la carita feliz con moñito atrás de Lucesita, le hizo recordar ese primer día en que su hija universitaria e hijo adolescente, entraron a su casa cargándola. Tenía unos zapatitos guinda, un biberón percudido con restos de té, y vestidito, cuenta y muestra lo que relata abriendo un viejo maletín azul, donde conserva esas piezas por si algún día los necesite como prueba. Le dieron leche, pero pedía té.
- Su madre la entregó a una compañera de “ese sitio” donde trabajaban, pero se pelearon y la amiga la dejaba abandonada para irse a trabajar.
Al ver lo que sufría la niña, una vecina de un asentamiento que no debo mencionar, le pidió a la amiga de esa mujer, le dé a la niña para tenerla. Y se la dio. Pero su compasión no era suficiente para alimentarla, porque además tenía que cuidar de su verdadero hijo, un varoncito. Se había corrido el rumor de que en el barrio había una niña sin madre. Varios niños y jóvenes iban a mirarla. Así que un día al ver a los hijos de su vecina Hada 1 tan embelesados con la niña, les ofreció regalársela “¿amiga, la quieres?”. Ellos dijeron sí a la primera y se la llevaron a su casa. Sin saber que tal vez la estaban salvando de los aproximadamente cien bares y night club que hay en Piura, con servicio de damas de compañía, o de terminar siendo exhibida en alguna de las dos millones de páginas web de pornografía que hay en la web.
- Mamá, cojámosla. No va a faltar. Dios nos dará para alimentarla
Le dijeron a su madre. Hada 1 no pudo decir no. Y las siguientes horas y días fueron de paulatina persuasión al esposo que, muy enterado de la legislación de menores, primero dijo devuélvanla, vamos a tener problemas. Pero luego se fue ablandando y, cuatro años después, se pone feliz cuando Lucesita lo dibuja junto a sus dos mamás, cada vez que en el colegio le piden dibujar a su familia. Sólo al final dibuja a “esa mujer”. Hasta ahora la suerte ha estado del lado de Lucesita. Pero no del lado de las adolescentes que encontraré en Las Lomas.
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