Especial

Informe violencia en Sullana (II)
Ciudad secuestrada

Los índices de delincuencia en Sullana han alcanzado niveles insoportables para la población. Sólo el fin de semana que pasó, las comisarías de esa ciudad registraron cuatro asaltos a bordo de mototaxis, dos robos de autopartes, dos atracos a casas e igual número de delitos en pleno centro, sin contar los crímenes no denunciados. Los carteles de la marcha del día domingo rogaban: “No más secuestros”, “No más asaltos” y “Basta de violencia” en Sullana. Un clamor que debe ser atendido.

Por Renato Velásquez

La noche de su muerte, el profesor Armando Castillo Escobar retiró cuarenta soles de un cajero automático del centro de la ciudad, visitó a su hermano en el asentamiento José Carlos Mariátegui y recorría los diez minutos que le tomaba llegar a su casa desde allí. En la moto lineal también viajaba su esposa Sandra Cisneros que, aferrada a su espalda, le conversaba de todo y de nada.
Eran aproximadamente las nueve de la noche. Los esposos Castillo sintieron que el rugido de otra moto los alcanzaba y alguien les decía algo entre el ruido de los motores. En ese momento, el cuerpo de Sandra fue empujado hacia atrás por la aceleración que su esposo le impuso a la motocicleta en plena huida. Lo que la señora no notó, sino hasta 25 metros más adelante, fue que un certero balazo había atravesado el tórax de Armando desde el omóplato izquierdo hasta la clavícula derecha.
Con el vehículo en el suelo y su marido entre brazos, Sandra rogó que se llevasen todo lo que quisieran pero que la dejaran auxiliar a Armando. “Chola, me dieron”, alcanzó a decir el hombre con el pecho atravesado. Los tres delincuentes los miraron, lo pensaron unos segundos y huyeron sin quitarles nada. Minutos más tarde, Sandra llevaba a su esposo ensangrentado al hospital sin saber que, a esa hora, ella ya llegaba viuda.
“Las investigaciones, según la Policía, están en stand by. Dicen que hasta que mi cuñada colabore, identificando a los delincuentes. Pero ella se muere de miedo. Ha visto morir a su esposo, no quiere que pase lo mismo con sus hijos”, cuenta Alberto, hermano del difunto. Muestra de ese temor es que ahora la disminuida familia Castillo Cisneros ha abandonado su domicilio y se ha mudado a otro distrito de la provincia. Esa casa, que ahora planean vender, aloja la respuesta del asesinato de Armando Castillo.
Hace aproximadamente un año, los Castillo sufrieron el hurto de varios bienes de su domicilio. Según señalan testigos, el ‘profe’ Armando identificó a uno de los malhechores y llamó a Serenazgo para imponer algo de vigilancia en la zona. Producto de una de esas redadas cayó el delincuente conocido como “la Pulga”, quien estuvo con detención preventiva por algunos meses. Al parecer, “la Pulga” salió de la cárcel a saldar sus cuentas a balazos.

Arsenales en las calles
En lo que va del año, 18 personas han ingresado heridas por armas de fuego al Hospital de Apoyo III de Sullana. “Y eso que no estamos contando las postas médicas, ni a todos los ‘requisitoriados’ que, por razones obvias, no van a venir a atenderse al hospital”, acota el encargado de llevar las estadísticas del nosocomio.
Y tiene razón. La cifra se queda corta si consideramos que en Sullana el año pasado se incautaron 19 pistolas, 41 revólveres, 30 escopetas y 10 granadas tipo piña. Un arsenal suficiente para equipar para la guerra a un equipo de cuarenta comandos con alta capacidad destructiva. La macabra logística requisada al hampa durante el 2007 se completa con 267 cartuchos de bala, 434 de dinamita y 800 fulminantes simples. La sorpresa se convirtió en asombro cuando la Policía encontró hasta un proyectil para mortero entre el equipamiento de los delincuentes.
“Acá ya no se puede vivir”, confiesa el médico César Palas, quien ha pasado casi toda su vida en Sullana y es el encargado de atender a varias de las víctimas por arma de fuego que llegan al hospital. “Estamos asustados. No es posible que haya tanta arma de fuego en la calle. Cuando recién comencé a atender, a principio de los noventa, jamás había heridos por bala. Ahora, esos casos superan a los provocados por arma blanca. ¡Ni que estuviéramos en la guerra!”, exclama el doctor

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