Que cese la
violencia en Sullana
De forma acelerada Sullana pasó de una pacífica provincia, antagonista de Piura, pero pujante a un lugar inseguro y violento en el cual ya resulta casi imposible vivir. Hace uno o dos años, los reportes policiales la ubicaban como la quinta ciudad del país más violenta. En esa época-como ahora-la reacción fue inmediata. Marchas, mesas para tratar el tema se formaron, pero no pasó nada, la violencia siguió incrementándose. Lo peor de todo es que no es una violencia con raíz externa sino provocada por sus propios hijos.
Ayer, la reacción de los sullanenses ha sido masiva y eso indica que están hartos de tanta violencia y que están dispuestos a hacer algo para frenarla. Qué hacer entonces. Para empezar, la lucha contra la violencia no es algo que sólo le competa a la policía o a las autoridades municipales. La responsabilidad es compartida, sin que eso signifique, que se diluya.
Las familias tienen, por ejemplo, el deber de formar y cuidar a sus hijos. Las madres y padres tendrían que preocuparse más por las amistades y actividades de sus hijos, pero sobre todo darles en el seno del hogar un clima de tranquilidad, seguridad y confianza de tal forma que los chicos nos e vayan a la calle a buscar lo que en casa no hay. Así, comenzaríamos a alejarlos de las drogas, la prostitución y la delincuencia.
El segundo lugar donde se puede hacer algo es el colegio. Por qué los colegios de Sullana no hacen una cruzada y solicitan el apoyo de instituciones como Cedro u otras que tienen experiencia a nivel nacional para que capacite a los docentes para prevenir el consumo de droga o la incursión en pandillas. Si no existe una intervención simultánea y especializada, es poco lo que se puede hacer. No sólo se trata de intervenir, sino de presentarles a los jóvenes y adultos alternativas para desarrollar una vida sana, por ejemplo, estar en contacto con actividades deportivas, artísticas (teatro, pintura, danza, fotografía, etc) y culturales.
El asunto es que como no hay otra alternativa más que la juerga, los jóvenes se nos van perdiendo en ese mundo porque ha llegado a parecer tan normal verlos, por ejemplo, consumiendo alcohol desde temprana edad sin saber que ese puede ser el inicio para los demás vicios.
A las autoridades municipales les compete brindar a la población espacios acogedores y seguros donde la gente pueda ir en familia a recrearse sanamente. Por ejemplo, los parques hasta la plaza principal se ha convertido en zonas rojas, en donde uno puede ser asaltado en cualquier momento. Recuperar esos espacios es un deber municipal, como lo es establecer el orden en la ciudad. El desorden favorece conductas antisociales y acostumbra a la gente a burlar y no respetar las normas. En otras palabras se fortalece la anomia social. Las políticas educativas y culturales también son una responsabilidad municipal que se debe trabajar de la mano con especialistas de otros puntos del país o del extranjero y que hayan tenido experiencia y éxito en afrontar situaciones como estas.
A la policía le compete no ser cómplice y zonificar las zonas rojas e intervenirlas constantemente. El cuento de “no hay personal”, “no hay combustible” es algo que no se debería escuchar. La policía sabe exactamente dónde venden droga, quiénes integran las pandillas y dónde está el peligro. La desidia e incluso el temor los ha ganado, pero ya es hora de actuar.
La violencia que hoy piden los sullanenses cese, no cesará si es que no se asume una responsabilidad si es que no se planifica seriamente qué se va a hacer no sólo para enfrentar los días de este año sino de aquí en adelante. Hay que propiciar alternativas, posibilidades de desarrollo para los que no lo tienen, hay que mejorar el nivel educativo y cultural, hay que ponerle rigor al tema del orden en la ciudad. Esta es una buena oportunidad porque la gente ha salido a las calles ha demostrado que la voluntad existe, ahora falta un liderazgo que oriente y canalice ese deseo de volver a ser la provincia amigable y pacífica que siempre fue.
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