Historia

Historia de Diario El Tiempo

Corría el 9 de enero de 1916 y Piura seguía siendo la apacible ciudad de agricultores y artesanos que trabajaban de sol a sol, como lo había sido hasta el siglo anterior. Sin embargo, su gente ya había comenzado a tener más interés por todo lo que sucedía en el Perú y en el mundo.

Los fragores de la gran Guerra Europea llegaban tarde y muchos sucesos importantes de la vida nacional pasaban inadvertidos debido a la falta de un diario que trajera, con el sabor de la noticia fresca, los detalles y pormenores de aquello que sucedía fuera de los límites de la sosegada urbe.

Por eso, aquella tarde del domingo 9 de enero de 1916 el pueblo piurano alborozado y curioso saludó la aparición de EL TIEMPO en las calles de Piura. La primera tirada de mil quinientos ejemplares, como era de esperar, se agotó inmediatamente.

En esa primera edición dirigida por el propietario don Luis Carranza y que tenía como único redactor a Eduardo López se insertó como noticia de primera plana una vasta información sobre las campañas de la guerra europea y los sucesos políticos de esa hora crucial para el mundo.

Breves noticias provenientes de Paita, Sullana, Sechura, La Huaca, Catacaos y el Callao ponían en evidencia el esfuerzo de los editores por dar, al flamante periódico, los visos de una publicación bien enterada de lo que sucedía fuera de Piura.

EL TIEMPO, desde ese primer momento, quiso comprometerse con sus lectores para ser un diario independiente. Así fluye del primer editorial escrito por Luis Carranza: “Un espíritu de optimismo nos ha guiado al emprender la obra de dotar a Piura de un diario completamente ajeno a todo compromiso de bandería; sin más norte que hacer una labor sana y sin más aspiración que la de un servicio de informaciones imparcial y verídico”.

En estos ochenta años que han transcurrido desde entonces, EL TIEMPO, puede sentirse orgulloso de haberse mantenido fiel a esta línea de conducta que sus fundadores quisieron darle.

La empresa de hacer periodismo en Piura no estaba encaminada sólo a la labor de informar. Había que encontrar una forma de darles entretenimiento a los lectores para las largas horas de tedio. Así nació la novela de folletín que comenzara a publicarse en entregas diarias coleccionables.

La primera que aparece es “La Zarzamora” del escritor Miguel Ramos Carrión. A esta entrega siguieron muchas otras como “La casa del rincón” de Ramón Ortiz Ramos, y el picaresco folletón con “Las industrias del amor” del Monsieur Gorón, ex jefe de la Policía de París. Comienza una línea de amenidades que se convierte en el deleite de las amas de casa.

El servicio a los intereses de Piura no se queda en un buen propósito editorial. Al día siguiente de su aparición, EL TIEMPO comienza una campaña contra la ineficiencia de la Policía Rural a la cual hace responsable de los continuos asaltos que los piuranos sufrían al volver de sus faenas agrícolas.

También por esos días se llama la atención de las autoridades municipales por el descuido en que mantienen a los parques principales y se comenta, con preocupación, los peligros que amenazan a los frondosos Ficus de la avenida Grau. En esa campaña, a favor de la naturaleza que rodea a Piura, tiene su principio esa vocación ecologista que habrá de distinguir siempre a este periódico como se reconoció hace poco en la revista “Correo” publicada en París por la UNESCO.

Los primeros años fueron de una lucha difícil para seguir adelante y sobre todo para mantener el favor de los lectores. Hubo numerosos problemas que superar para que la empresa continúe adelante. Se siguió informando sobre la vida cotidiana en Piura y en el resto del país.

Las informaciones políticas empiezan a aparecer con mayor frecuencia en las páginas del diario y hay que hacer esfuerzos para no quebrar esa línea original de imparcialidad. En el editorial del 9 de enero de 1919 se consigna con legítima satisfacción: “...nuestra vida independiente, libre de todo compromiso político, social o comercial, está asegurada y podemos mirar confiadamente en el porvenir”.

La existencia de EL TIEMPO está íntimamente ligada a la vida de Piura. Por su pequeño local van desfilando, todos los días, escritores y periodistas, poetas y políticos, deseosos de dar su aporte a los lectores. Ellos son los primeros colaboradores que en, estas ocho décadas, han contribuido con su pluma y su pensamiento a darle altura a nuestra página editorial. La pequeña empresa va tomando cuerpo y se logra hacer periodismo objetivo y ameno que ingresa a todos los hogares.

En el año de 1929 don Federico Helguero Seminario adquiere la propiedad del diario y se convierte en su director. Caballero piurano con gran amor por su tierra, es, además, un gran aficionado a la literatura y al periodismo.

Posee un agudo estilo y es un fino escritor de sabrosas tradiciones de la “patria chica”. Había hecho sus primeros trabajos periodísticos en El Eco y por eso adquiere, con optimismo, EL TIEMPO que a partir de entonces se quedaría en manos de sus descendientes.

Durante la gestión de don Federico Helguero Seminario el periódico continuó en la misma casona de la calle Libertad 219, donde comenzó su existencia, convirtiéndose en una tribuna abierta para que todos los piuranos puedan expresar sus opiniones.

En 1929 se incorporan servicios nuevos para recibir noticias por la vía cablegráfica y radiográfica. En 1934 EL TIEMPO es el diario de mayor circulación en todo el departamento y tiene ya bien consolidado su prestigio como un medio de comunicación social serio y responsable.

Al fallecimiento de don Federico Helguero Seminario, asume la dirección de la empresa su esposa doña Matilde Checa Eguiguren. Su ferviente y sincero deseo de servir a Piura, puesto de manifiesto en tantas oportunidades a lo largo de su fecunda existencia, la llevó a mantener el diario como una tribuna independiente desde la cual todos podían opinar sobre los asuntos importantes de este departamento y de la ciudad que comenzaba a tomar el camino hacia la modernidad, profunda huella que hace su recuerdo imborrable y su inspiración piuranista siempre fresca.

La empresa se constituyó como Sociedad Anónima con el nombre de Tipografía y Diario EL TIEMPO S.A. el 20 de julio de 1945 estando conformado el primer directorio por Don Ricardo Artadi Vásquez quien lo presidía, Enrique Checa Eguiguren y Miguel María Temple.

Posteriormente, el 25 de setiembre de 1946, el directorio se renovó con la señora Matilde Checa de Artado quien lo presidió Enrique Checa Eguiguren, Emilio Hilbck Navarrete y Víctor Helguero Checa. La señora Matilde Checa de Artadi continuó al frente de la presidencia del directorio, hasta su muerte en noviembre de 1979.

El actual directorio está conformado por Juan Francisco Helguero Checa, quien lo preside, Víctor Helguero Checa, Juan Francisco Helguero G. Y José Bernal Helguero y Luz María Helguero de Plaza.

La orientación que ha tenido el periódico, en esta trayectoria de ochenta y siete años, apuntó siempre hacia la búsqueda de la verdad objetiva. Una misión que ha resultado difícil e incomprendida por muchos, pero que se convirtió en una experiencia gratificante para la conciencia de quienes trabajaron para mantener a EL TIEMPO fiel a estos principios. De manera especial esta responsabilidad recayó en la persona de los que actuaron como jefes de redacción o como directores. Uno a uno, en épocas diversas, fueron dejando su impronta en la vida del periódico.

En esta brega diaria estuvieron Augusto Moscol(1934); Edgardo Valera (1934); Elías Alvarado (1934); Manuel Layseca (1936); Gerardo Vargas (1937); Américo Garcés (1940) y Víctor Checa Solari que hizo escuela de periodismo práctico en la redacción. Después se crea el cargo de Director que es asumido por los hermanos y dueños Juan Francisco y Víctor Helguero Checa, quienes son los responsables de haber impulsado las más importantes mejoras introducidas en el diario.

Los nuevos perfiles que adquiere EL TIEMPO en los años próximos pasados son el resultado de un importante trabajo empresarial que se realiza para contar con los más modernos avances de la tecnología. Está en este empeño el joven empresario piurano Juan Francisco Helguero González, quien preside el comité ejecutivo de este diario.

En 1994 asume la dirección Luz María Helguero de Plaza, perteneciente a una generación joven de profesionales piuranos formados en las aulas e la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Pura, quien ha impulsado los últimos cambios periodísticos.

En la edición aparecida el 9 de enero de 1916 EL TIEMPO se sentía orgulloso de contar con una máquina de rayar que era la única en el norte del Perú. Esta misma preocupación que ya existía en el viejo taller de la calle Libertad 219, por estar al día con los inventos de la ciencia y la tecnología, ha sido una constante en los ochenta y siete años que han transcurrido.

Ella es la razón por la cual la empresa ha efectuado toda clase de esfuerzos financieros para darle al diario lo más moderno que hay disponible en América Latina para editar un periódico impecable; de corte moderno y de gran llegada al lector común y corriente. En 1951 se adquirió el primer linotipo con el cual dejamos atrás para siempre las fatigantes jornadas de la tipografía manual. Al poco tiempo, en 1953, se montó el taller de fotograbado que hizo posible la publicación de fotografías para ilustrar las informaciones.

Muchos años después se dejó el formato estándar tradicional y EL TIEMPO se convirtió en el tabloide que somos ahora. Se había hecho otras importantes innovaciones con el servicio de teletipo y de radiofoto que permitió hacer a EL TIEMPO más competitivo frente a las ediciones de los diarios de Lima. El mundo se hizo más pequeño para los lectores, pues, en forma inmediata, tuvo informaciones sobre lo que sucedía en otros países con lujo de detalles. La aventura de hacer periodismo, tratando de estar entre los mejores diarios que hay en el Perú, ha significado para todos los que son parte de la empresa, en los talleres y en la sala de redacción, un esfuerzo constante para llegar hasta el lectores con un excelente material que, al mismo tiempo, informe y entretenga. Con comentarios y opiniones de muchos colabores cuya libre expresión de las ideas le confiere matices de libertad y objetividad que pocas veces se consigue en un diario peruano. Ha significado también una lucha permanente por estar al día con todo aquello que sirve para trabajar y producir mejores páginas en horarios más cortos. La informática y la cibernética han venido, no hace muchos años todavía, a darle a EL TIEMPO esos recursos tan necesarios.

Llegar a estos ochenta y siete años con el espíritu lleno de optimismo; con la presencia de gente joven que trae nuevas ideas; con empresario que se sienten comprometidos con el progreso de Piura y con el cariño de miles de lectores es una gran satisfacción. Hay mucho por lo cual la gente de EL TIEMPO se siente orgullosa de celebrar las más de ocho décadas. Pero hay mucho más por lo cual se tiene la ilusión de avanzar. En ese optimismo y en esa fe está la esencia de hacer periodismo en esta casa editorial

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